TDAH = Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

lunes, 15 de enero de 2018

¿Mi hijo tiene TDAH o una inteligencia diferente a la "estándar"?


Psicología, Psicólogo, Pensamientos, Corazón

La familia de Marcos vino a consulta porque en el colegio el chico se mostraba inquieto. Distraía a sus compañeros, se levantaba de la silla, constantemente hacía movimientos además de no mostrar atención a las explicaciones de los profesores y suspender casi todas las asignaturas. Con 8 años Marcos fue etiquetado de TDAH por un psiquiatra. El denominado trastorno por déficit de atención e hiperactividad había recaído como una grave sentencia en la familia de Marcos. El tratamiento que se le ofrecía era químico y consistía en aumentar la noradrenalina cerebral, es decir, compensar con fármacos a nivel bioquímico lo que otros niños tienen en el cerebro que Marcos se supone no tenía. Con ello lo que se pretendía era adaptar a Marcos a la escuela, en vez de facilitar que fuese la escuela la que se adaptase a Marcos.

Tras poner a prueba la atención de Marcos, su capacidad de memoria y de concentración, me di cuenta que no había déficit de atención como tal sino que se focalizaba en aquello que tenía que ver con su estilo de inteligencia. O sea, Marcos mostraba una atención selectiva al movimiento y a lo que le informaban las sensaciones de su cuerpo. Ante las preguntas de reconocimiento verbal Marcos erraba pero acertaba en las de objetos que se mueven y cambian en una habitación. Tras otras pruebas sobre estilo de inteligencia redacté un informe psicológico en el que recomendé el cambio de centro escolar, un centro que, en su metodología, contemplase adaptarse al particular tipo de inteligencia de Marcos, la inteligencia kinestésica.

La inteligencia es múltiple

Como la familia de Marcos muchos padres y madres se debaten entre aceptar el tratamiento farmacológico recomendado a sus hijos o emprender la aventura de buscar alternativas. Casos como el de Marcos ponen de manifiesto la gran incompetencia del sistema educativo ante el desafío de abordar y educar las diferencias individuales. Es Howard Gardner el psicólogo americano que introduce el concepto de inteligencias múltiples y destaca que no existe una única inteligencia en el ser humano sino muchas y diversas. El sistema educativo actual suele basar el aprendizaje en dos tipos de inteligencia básicos: el analítico-verbal y el lógico-matemático. Al legitimar y medir sólo este tipo de inteligencias, la escuela descarta el resto pues hay chicos y chicas con potencialidades que no se enmarcan en este estrecho concepto de medición.

Sin tener en cuenta las diferentes potencialidades de cada sujeto y con el objetivo de proponer un mismo destino igual para todos, el tratamiento que el sistema educativo hace de las diferencias individuales es el de medicarlas para facilitar la adaptación al sistema, en vez de promover que el sistema se adapte al individuo. La escuela no educa individuos sino que pone énfasis en que los alumnos encajen en la sociedad a costa de renunciar a su propia individualidad. Es justo lo contrario aquello que nos enseñan los hijos hiperactivos, es decir, aceptar la individualidad de cada sujeto para fomentar el respeto genuino al propio estilo de inteligencia.

La educación orientada a desarrollar individuos

Salvo excepciones, la escuela al uso es incapaz de diagnosticar, abordar y educar la individualidad. No existen cerebros colectivos ni corazones comunes. Tampoco pulmones de uso compartido ni mentes intercambiables. Cada ser humano es único por propia naturaleza. De tal manera que, la costumbre de los colegios de educar con un patrón uniforme las diferencias individuales, pone de manifiesto el fracaso de un sistema que no tiene recursos para educar adaptándose a cada caso. Este patrón uniforme es una manera de igualar lo diferente, en vez de sacar el máximo rendimiento de las capacidades diferentes de cada sujeto. Es más, la conditio sine quae non de la individualidad es la desigualdad.

Un individuo es, por definición, desigual a otro. Pero este principio fundamental de la manifestación de un individuo se invierte en la práctica educativa cotidiana (se le da la vuelta) confundiendo igualdad con igualación. Por supuesto que todos los sujetos somos iguales ante la ley y en cuanto a derechos, si bien no en cuanto a capacidades y potencialidades. Por ello, bajo el pretexto de homogeneizar, la escuela iguala y mide con el mismo rasero a seres humanos con inteligencias diferentes. En este ejercicio de igualación se pierde la individualidad y se descarta el abrazo a la pluralidad de estilos de inteligencia.

Howard Gardner, el citado autor de las inteligencias múltiples, realiza su investigación en la década de los años 80. Han pasado casi 40 años y hoy en día sigue siendo un problema para los padres encontrar centros educativos que sepan interpretar los casos de hiperactividad como casos de estilo diferente de inteligencia. Para tranquilidad de todos es importante saber que no sólo se es inteligente por tener capacidades para el lenguaje y las matemáticas sino también por moverse de manera continua o por tener una gran imaginación. De hecho los expertos reconocen hoy hasta 6 tipos más de inteligencia, a saber:
  • La musical: la que muestran los chicos y chicas para ejercitar o crear música.
  • La espacial: es la de un arquitecto o un diseñador con gran capacidad de imaginación.
  • La corporal-kinestésica: es la de un deportista o un bailarín.
  • La espiritual: la de chicos o chicas que parecen retraídos pero tienen capacidad de transcendencia.
  • La de conexión con la Naturaleza o naturalista: chicos y chicas que se desenvuelven bien, no entre cuatro paredes, sino en espacios naturales.
  • La emocional: la muestran sujetos sensibles a las relaciones interpersonales.

De ahí que un chico diagnosticado de TDAH no tiene por qué sufrir la medicalización, la marginación ni el desprecio por su particular estilo de inteligencia sino que los padres pueden encontrar alternativas educativas acordes y respetuosas con sus potencialidades.
Sin duda los padres de Marcos y tantos otros padres han tenido que confrontarse y vivir un proceso valiente de cambio de mentalidad. Cambio en el sentido de cuestionar la creencia sobre que el futuro para su hijo ha de ser igual al futuro de los hijos de otros padres. Es necesario que los padres reparen que cada hijo es único en la manifestación de sus capacidades, como lo son las propias capacidades de ellos mismos. Cada inteligencia diferente en una familia es una oportunidad para respetar y potenciar la creación de Dios. No en vano, en la obra Suma contra los gentiles, dice Santo Tomás de Aquino que la perfección de Dios se manifiesta en la pluralidad de las potencialidades personales y que ésta, la perfección, es la consecuencia natural de ser diferentes.

Antonio Galindo en Asesores Emocionales
Psicólogo y pedagogo

FUENTE:

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Entrevista a Rafael Guerrero. Trasteando en la escuela





TRASTEANDO EN LA ESCUELA.

Hola. Esto que vais a escuchar es el capítulo 17 de "Trasteando en la Escuela" del 8 de diciembre de 2017. Yo soy Marta Ferrero y este es el podcast que acompaña al proyecto "Trasteando en la Escuela".
Nuestro protagonista hoy es doctor en Educación y psicólogo. Se llama Rafael Guerrero y dirige el Centro Darwin Psicólogos. Con él vamos a hablar del Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad o TDAH.

Vamos con la entrevista de Trasteando

Queríamos hablar contigo de muchos asuntos,  a ver de cuánto nos da tiempo.

Lo primero cuéntanos un poquito a qué se dedica el centro Darwin.

En nuestro centro lo que hacemos es atender a niños, adolescentes y adultos que van atravesando por un momento difícil de su vida, niños y adolescentes con algún conflicto que puede ser de tipo académico, alguna dificultad de aprendizaje, por ejemplo, o también hay niños que tienen alguna situación de tipo emocional, de tipo social, También hay veces que nos encontramos con dificultades con los padres, sobre todo una vez llegada la adolescencia, que suelen surgir muchos conflictos, y eso es lo que solemos trabajar. Trabajamos con TDAH, también con depresión, ansiedad, situaciones traumáticas,...Intentamos, desde el cariño, la paciencia y el tiempo, acompañar a estas personas que están pasando por un momento delicado de su vida.

Cuéntanos cómo definirías o cómo le explicas a una familia que llega y a la que le tienes que contar el diagnóstico de su hijo como TDAH. Cómo les explicas qué es exactamente.

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, que es como lo define el DSM5, que es el manual que clasifica todos los trastornos mentales como los trastornos psiquiátricos. De una manera así muy sencilla, es decir, que el TDAH es un problema de inmadurez mental. Esto quiere decir que el nivel de procesamiento de la información en un cerebro con TDAH es mucho más lento e, incluso, en algunas ocasiones, más deficitaria que si comparamos a ese niño, o a ese adolescente o a ese adulto, también con personas de su misma edad. Lo que nos encontramos en el caso del TDAH es que la capacidad para procesar la información, para pensar, para relacionar ideas, gestionar las emociones, los impulsos, es mucho más lento que si lo comparamos con otros niños o adolescentes de su misma edad. Y todo eso desemboca en lo que todos conocemos del TDAH: mi hijo tiene dificultades para concentrarse, para prestar atención, tiene dificultad para gestionar bien sus emociones, tiene muchos conflictos a nivel social, dificultades también con su memoria operativa, impulsivo, muy hiperactivo, no puede parar quieto… Eso es todo lo que se ve, de forma observable, más externo, eso es lo que podemos ver todos pero, en realidad, la raíz del TDAH es un cerebro que va mucho más lento en su maduración que lo se supone que debería ir.

¿Y es una cosa que se puede corregir o hay que aprender a vivir con ese problema?

El TDAH es un trastorno crónico. Esto quiere decir pues que el TDAH nace y se desarrolla con esta patología, con este trastorno, es un trastorno psiquiátrico. Los profesionales que trabajamos con personas con TDAH vemos que lo que tiene que aprender un niño, un adolescente o un adulto con TDAH, lo que tiene que aprender a hacer es adaptarse de una manera mejor, de una manera más adaptativa a su entorno. La patología está ahí, la patología va a estar ahí toda la vida, no es algo que uno  entre comillas “se pueda curar”. No es como un esguince que durante un tiempo, está convaleciente y, pasado unos días unas semanas o unos meses, uno ya puede volver a su actividad normal. El TDAH es un trastorno crónico, no tiene cura, no es que me guste el concepto de cura, pero para que nos entendamos, y entonces lo que tenemos que hacer nosotros como profesionales, lo que tienen que hacer los padres y, por supuesto, los maestros, el entorno más cercano al niño, es dotarle de estrategias, de herramientas y de apoyo, como darle las muletas durante el tiempo que lo pueda necesitar, pero vamos, es un trastorno crónico, y lo que hay que hacer es dotarle de herramientas, recursos, para que se pueda gestionar lo mejor posible. Es verdad que en cuanto les damos lo que ellos realmente necesitan, en aquellas áreas en las que ellos tienen un déficit la respuesta de los chavales con TDAH es extraordinaria. Eso es lo que nos demuestra tanto la investigación como la clínica, en cuanto les damos las muletas metafóricas de las que estamos hablando, los niños con TDAH salen adelante sin ningún tipo de problema. Hay dificultades cuando no están recibiendo lo que ellos realmente necesitan. Si no tengo lo que necesito, si no tengo agua si no tengo comida, difícilmente puedo salir adelante.

Vamos a empezar con algunos de los problemas o de las cosas que suelen resultar polémicas cuando se habla de este trastorno. Para empezar, ¿es fácil diagnosticarlo?, ¿se confunde o se puede confundir con otro tipo de problema de aprendizaje?

Sí, hoy nos encontramos con dificultades a la hora de diagnosticar el TDAH como con cualquier otro trastorno. Encontrarnos en consulta con un niño o con un adolescente que está viviendo una situación problemática, consecuentemente, su familia también. La familia te llega a la consulta sufriendo, pasándolo mal en un momento de máxima alarma y máxima dependencia. Te necesitan, te necesitan sí o sí, por eso están ahí sentados en esa primera consulta. Hoy en día es algo que venimos denunciando desde hace bastante tiempo es que se están haciendo evaluaciones muy rápidas, están haciendo lo que se denomina evaluaciones exprés que no van a ningún sitio. Son evaluaciones que se hacen así un poco por encima en quince minutos, y esto conlleva unas repercusiones bastante importantes y bastante negativas.
Como decías, a veces el TDAH se confunde con otras patologías. E incluso a veces el TDAH se confunde con algo a veces tan natural como es ser niño. Pero es importante que esta patología, este TDAH sea diagnosticado a partir de los primeros cursos de primaria. Es una auténtica burrada el estar diagnosticando a niños con TDAH antes de la etapa de primaria, niños de infantil que están diagnosticados con esta patología.
Y sí, hay otros trastornos, como puede ser el síndrome de alcoholismo fetal o por ejemplo, trastornos del apego, e incluso ansiedad o depresión, o momentos vitales que está viviendo el niño, que está viviendo la familia, que cursan con una inatención, con problemas para controlar su conducta, con hiperactividad, impulsividad, etcétera y, a veces, eso se confunde con TDAH. Por eso, es muy importante que hagamos una muy buena valoración con tiempo. No podemos evaluar el TDAH ni ningún otro trastorno en minutos, tenemos que dedicarle horas, mucho tiempo, mucho cariño para poder discriminar bien si se trata de un TDAH o de un Gilles de la Tourette o si se trata de una depresión. A veces los síntomas se confunden. Es más, el TDAH en un 70, 80 por ciento de los casos aparece con un segundo trastorno, por tanto, ahí se complica mucho más. Tenemos que dedicar tiempo, cariño y tenemos que respetar al paciente, no podemos hacer diagnósticos a la ligera. 

Puede suceder que haya muchos niños que simplemente son nerviosos, son niños, como explicabas, que los han metido en ese cajón, en esa etiqueta del TDAH y un montón de niños que tengan de verdad ese problema y a los que no se haya detectado, puede pasar las dos cosas.

Claro, nosotros solemos decir que ni están todos los que son, ni son todos los que están. Nos encontramos con niños que están siendo diagnosticados con TDAH que están mal diagnosticados, que no se les ha dedicado el tiempo y el cariño suficiente, y luego también nos encontramos con niños que están funcionando como buenamente pueden por los distintos contextos escolares y familiares que tienen un TDAH y no se les están dando las herramientas, las estrategias que realmente necesitan. Por tanto, tanto en una dirección como en otra, ahí tenemos que afinarnos los clínicos y los profesionales que estamos en relación con el TDAH, tenemos que afinar porque se nos están escapando algunos niños y otros estamos diagnosticando mal.

Y desde el punto de vista del tratamiento, ya que no hay curación porque es una cosa crónica como nos explicabas, ¿tiene que pasar siempre por el tema de fármacos, por las pastillas, o solamente terapia o les hace falta una ayuda para el aprendizaje en la escuela y otra diferente para adaptarse al resto de los factores de la vida?¿Cuál es el tratamiento de estos niños?

Tratamientos hay muchos, cuanto más multidisciplinar mejor. Como decíamos antes, el TDAH es un trastorno crónico, eso implica que el TDAH es TDAH en todos los contextos. Igual que la persona que es ciega es ciega en su puesto de trabajo, que cuando llega a casa de repente no ves, sino que sigue siendo ciega, el TDAH o cualquier otro trastorno psiquiátrico le pasa exactamente lo mismo.
Tratamientos hay muchos. Lo que reconocen hasta los propios psiquiatras es que solamente el tratamiento medicamentoso, el tratamiento farmacológico, no es suficiente. En ocasiones es verdad que los niños necesitan ese trampolín, esa ayuda para que se centre, para que esté más tranquilo, a veces, eso es necesario, y ahí están los médicos los neurólogos, los pediatras, los psiquiatras, para medicar esa farmacología, pero es insuficiente. Todos llegamos a esta misma conclusión. Podemos abogar por medicación sí, medicación no, pero el profesional veremos qué es lo que piensa, pero lo que está claro es que la medicación sola no enseña y lo que tenemos que dar al alumno, al niño son estrategias y la medicación no te cura, la medicación es una ayuda, un trampolín. Tratamientos, muchos… tratamiento psicológico seguro. Tanto la familia como el niño tienen que llevar a cabo un tratamiento psicológico, en algunos casos, como decíamos, el tratamiento farmacológico, y luego hay otro tipo de intervenciones que se pueden llevar a cabo. Lo que está claro es por ejemplo, la psicoeducación, explicar a la familia y al propio niño la dificultad que tienen: esto se llama TDAH, tiene esto, por eso te comportas de esta manera, reaccionas así ante otras situaciones... Explicarle al niño y a la familia qué es lo que le pasa. También es muy importante, que los padres estén informados. Tratamientos existen muchos, lo que está claro es que el tratamiento psicológico tiene que estar en todos los casos y, bueno, que todos estemos formados, tanto los padres como los profesores, como el propio niño que sepan qué es esto del TDAH y qué implicaciones tiene, para ajustar bien las expectativas.

Y ya para terminar, hace 30 años ya nadie había oído hablar del TDAH no sé si es una cosa que ahora oímos hablar mucho y hay muchas personas diagnosticadas porque sabemos lo que es, o hay más. Quiero decir, hace 30 años también había mucha gente que tenía TDAH y no lo sabíamos o ¿está subiendo por algún motivo el número de personas afectadas por esto?

Bueno, los números son más o menos estables, es decir, nos estamos encontrando con que ahora mismo vivimos en la era de la información, la era del clic y todos estamos informados. Hace décadas o incluso, hace siglos, nos encontrábamos con que solamente la Iglesia era la que tenía el conocimiento, toda la información. Hoy en día, nos encontramos con que la información está a golpe de un clic y todos podemos acceder a muchísima información y además muy variada. Esto es como si últimamente nos hacemos la pregunta de, bueno, últimamente se escucha mucho el concepto de bullying y el concepto de niños que están siendo abusados, por ejemplo, abusados sexualmente. Bueno, esto ha existido siempre, pero un día estamos mucho más concienciados, estamos más con la alerta puesta y se diagnostica no solamente más TDAH sino que también se diagnostica otro tipo de dificultades, patologías o situaciones. Hoy en día estamos muy alerta con muchas situaciones a nivel social, cultural y educativo, pero los números no han variado, las ayudas, las muletas que tenemos hoy en día no son las que había hace 30 o 40, ni 50 años.

Es verdad que hablamos mucho de niños con TDAH y no se habla mucho de adultos con TDAH.

Claro, esto viene un poco a reforzar lo que comentábamos ahora. Ahora lo que nos estamos encontrando es que muchos papás y muchas mamás nos están consultando a raíz de que han llevado a su hijo o a su hija al pediatra, al psicólogo, lo han diagnosticado al hijo o a la hija de TDAH y entonces bueno como sabemos que un peso importante del TDAH tiene que ver con la parte genética. El profesional les habrá preguntado: y usted cuando era pequeño… vemos que los síntomas coinciden que yo cuando era pequeño, pequeña era exactamente igual como ahora se está comportando mi hijo o mi hija. Entonces ahora se está empezando a diagnosticar mucho más el TDAH en adultos, por esa parte genética que decíamos y por toda la información que tenemos hoy en día. Estamos diagnosticando a personas tardíamente, a adultos tardíamente a raíz de que sus hijos están siendo diagnosticados de TDAH.

Claro, y te dicen pues si yo era así y a mí no me hicieron ni caso, ni me prestaron atención, ni me ayudaron ni nada. 

No me hicieron ni caso y no me ha pasado nada. Sí, efectivamente, si muchas veces pasar no pasa nada, pero si podemos dotar de estrategias y de herramientas a nuestros chicos pues mejor que mejor. Si me hago un esguince y resulta que no hay ninguna muleta para que lleve pues lo llevaré como buenamente pueda y salgo adelante, claro, si siempre salimos adelante. El cerebro, la mente humana está preparada siempre y está dirigida hacia la sanación, hacia la curación, entonces adelante siempre salimos, pero bueno si podemos facilitarlo y dar unos recursos que hagan que ese trayecto, ese paso por el desierto sea más agradable, pues bienvenido sea.

Pues terminamos ya y nos quedamos con lo principal que no se debe diagnosticar a la ligera, ni con un test de 5 minutos, que hay que tomarse esto en serio y porque a estos niños les hace falta ayuda, si de verdad les hace falta, y hay muchos que a lo mejor nos pasan desapercibidos con este tipo de test. 
Rafael Guerrero, ¡muchísimas gracias!

FUENTE:

domingo, 10 de diciembre de 2017

La medicación protege a los niños con TDAH de sufrir lesiones accidentales


La medicación protege a los niños con TDAH de sufrir lesiones accidentales, según un estudio coordinado por la Universidad de Navarra

28/11/17 12:01 Isabel Solana
La medicación protege a los niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) de sufrir lesiones accidentales, según revela una investigación coordinada por la Universidad de Navarra. El estudio ha sido publicado por Neuroscience & Biobehavioral Reviews, que se encuentra entre el 10% de las revistas científicas con más impacto en Neurociencia.


Los autores del artículo han combinado los resultados de estudios previos de cuatro millones de niños o adolescentes sin TDAH y 350.000 con el trastorno. Han demostrado que el TDAH se asocia a un mayor riesgo de caídas o golpes involuntarios que terminan en visitas a urgencias. Según apuntan, es plausible que este riesgo lo incrementen los síntomas principales del TDAH-falta de atención, hiperactividad e impulsividad-, así como otras características relacionadas, como la agresividad.

Cuando compararon los períodos en los que los niños y adolescentes estaban tomando la medicación frente a cuando no lo hacían, comprobaron que el tratamiento farmacológico tiene un efecto protector frente a estas lesiones accidentales.

Interrumpir el tratamiento requiere precaución

Entre las conclusiones del estudio, los investigadores afirman que la decisión de interrumpir el tratamiento farmacológico durante los fines de semana o el verano -lo que se denomina ‘vacaciones de la medicación’- debe ser tomada con precaución por cuidadores y facultativos y enmarcada en un contexto más amplio en el que se valoren todos los riesgos y beneficios.

Asimismo, el estudio puede ayudar a implantar estrategias educativas de prevención de accidentes en niños con TDAH, al haberse visto que son una población de alto riesgo. Medidas sencillas como llevar siempre casco cuando se monta en bicicleta o poner cierres de seguridad en las ventanas pueden prevenir algunas de las graves consecuencias de sufrir un accidente.

Este estudio ha sido coordinado por Gonzalo Arrondo, del Grupo ‘Mente-cerebro’ del Instituto Cultura y Sociedad (ICS) de la Universidad de Navarra, y Maite Ruiz-Goikoetxea, pediatra del Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea (SNS-O). Se enmarca en un proyecto que desarrolla Arrondo con financiación del Departamento de Salud del Gobierno de Navarra.

También han participado los psiquiatras infantiles Samuele Cortese, de la Universidad de Southampton (Reino Unido), y César Soutullo, director de la Unidad de Psiquiatría infantil y adolescente del Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica de la Clínica Universidad de Navarra, junto con otros investigadores de esta clínica, la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra, y el Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea.

FUENTE:                                    

domingo, 26 de noviembre de 2017

PAUTAS PARA QUE EL CASTIGO SEA EDUCATIVO




¿Se debe castigar a los niños y niñas? Pautas para que el castigo sea educativo

Cuando intentamos educar a los pequeños, en ocasiones no sabemos cuál es la manera más eficaz de tratar con ellos. Es normal que nos surjan dudas sobre qué es lo mejor para ellos, y en definitiva para que crezcan felices.

El castigo es un tema polémico, que ni gusta a niños ni a mayores. Queremos que aprendan, y sabemos por un lado que no debemos permitir determinados comportamientos, pero por otro lado tampoco queremos que sufran.

El castigo educativo

¿Debemos castigar a los pequeños? ¿Cómo castigar a un niño?
Es importante que los niños y niñas aprendan que las acciones que realizan tienen determinadas consecuencias, y a veces estas consecuencias no son de su agrado. El castigo puede ser necesario pero empleado de manera racional con el objetivo de educar al pequeño. Nunca debe ser humillante o perjudicial para su autoestima o bienestar.

El castigo debe entenderse no como una forma de hacer sentir mal a los niños y niñas sino como una consecuencia a una acción determinada. Para aplicarlo es fundamental que los niños y niñas entiendan el porqué del mismo, y comprendan qué ocurre cuando hacen determinadas acciones.
Debe entenderse como una especie de trato o acuerdo más que como un castigo, como cosas que debemos hacer para conseguir algo, o cosas que no debemos hacer para dejar de tener consecuencias negativas.

Castigos educativos: En todo caso no debe ser nunca dañino para los niños o niñas. Debe estar basado en el objetivo de educar, de fomentar un aprendizaje en los pequeños. Y siempre debemos tener muy en cuenta su bienestar.

Veamos ejemplos de castigos educativos:
Si un adolescente ha suspendido un examen porque en lugar de estudiar estuvo haciendo otras cosas, como ver la tele, dar una vuelta, etc. debemos dejarle que suspenda, que comprenda que su conducta le ha llevado a ese resultado. En este caso el “castigo” podría ser, tener que cumplir determinadas horas de estudio, si estas no se cumplen no podrá ver la tele o salir con sus amigos. Antes de aplicarlo es bueno dialogar con él o ella sobre la situación, ¿Por qué crees que has suspendido? ¿Qué crees que puedes hacer para que no vuelva a ocurrir esto? Siempre reflexionando y dialogando con ellos y nunca imponiendo.

Si un niño quiere de postre helado, primero tendrá que comerse las verduras o el plato que tenga en la mesa, si no se come esto no podrá tener helado. Si come lo que tiene que comer, podrá elegir el postre que quiera. En este caso también le explicaremos al pequeño que es importante alimentarse bien para crecer, que no sólo se pueden comer helados. Por eso si quiere comerlo primero debe tomar otros alimentos necesarios para su crecimiento.

Si el niño o niña no recoge sus juguetes, no podremos salir a dar una vuelta al parque, porque antes de salir tenemos que dejar todo recogido. Explicaremos al pequeño que no podemos dejar las cosas sin recoger porque llegaremos tarde y cansados para cenar y bañarnos antes de dormir, que es necesario que recojamos los juguetes. Le explicaremos también que puede sacar todos los juguetes que quiera pero que debe recogerlos.

Pautas para educar con el castigo positivo

Consecuentes y contingentes a la conducta. Esto quiere decir que deben ser lógicos en relación a la conducta, no deben ser ni demasiados excesivos ni demasiado flojos. Y producirse cuando se produzca la conducta, no podemos dejarlo para otro momento puesto que no lo relacionarán con la acción. Por ejemplo en el caso del adolescente que suspende, si cumple con sus horas de estudio le permitiremos salir, no es bueno excedernos y dejarle sin salir aun cuando haya cumplido esas horas. Si cumple su parte, tiene una consecuencia positiva para él. También tiene que ser en el momento, no podemos dejarle este fin de semana que salga, pero a partir del próximo cumplimos con el acuerdo.
Consensuados con el pequeño. Es importante que los “castigos” cumplan una función educativa. Para ello es muy bueno dialogar con el niño o niña y hasta consensuar el tipo de castigo. De esta forma se sentirá responsable de sus actos y de las consecuencias y se implicará más con el castigo. Además colaboramos a la reflexión de los pequeños y a su comprensión.

No deben ser dañinos o humillantes para ellos, en ningún caso. No debemos olvidar que nuestro objetivo es educarles, para que lleguen a ser adultos felices, personas críticas y autónomas, adaptados a la sociedad. Para ello el castigo puede ser necesario, pero si éste es humillante o dañino, pierde todo su valor educativo y conseguimos lo contrario.

Es mejor que los castigos no estén basados en cosas materiales, son más efectivos si los basamos en actividades de su agrado o desagrado. Si el castigo consiste en comprarle o no comprarle algo al pequeño, le estamos enviando un mensaje confuso, que no anima a la reflexión sino a conseguir un bien determinado.

Los castigos no deben ser amenazantes. Se le informará de lo que ocurre si hace o no hace determinada conducta, pero no se le amenazara con ello. Debe ser visto como una consecuencia lógica y no como una amenaza.

Es muy importante que tengan alguna relación con la conducta concreta. Es decir si no come verdura el “castigo” será no comer helado, ya que guarda relación y podemos hacer que comprendan el porqué. En cambio si el “castigo” por no comer verdura es no ver la tele. La consecuencia no tiene nada que ver con la conducta y el pequeño no lo entiende. Si no puede comer helado es porque necesita alimentarse bien, guarda una relación.

En todo momento seremos comprensivos con el niño, tendremos calma con ellos. Y entenderemos que están aprendiendo y necesitan unas pautas y normas. No es que lo hagan por molestarnos.
Deben cumplirse siempre los castigos, si no es así no serán eficaces. Por eso es bueno hacer un castigo lógico y no excedernos. No podemos castigarles primero con mucha fuerza, excediéndonos y poco a poco ir suavizando. Si el adolescente no puede salir hasta que no cumpla sus horas de estudio, mantendremos firmeza en este acuerdo.

Tienen que ser entendidos por los niños y niñas. Para que cumpla su función educativa ha de ser comprendido por los pequeños. Para ello dialogaremos con él y le explicaremos las cosas con calma.
Combina el castigo, con castigo positivo y con refuerzos. No se trata solo de que el pequeño tenga consecuencias negativas, también es bueno que estas consecuencias negativas terminen cuando el pequeño deje de hacer determinada conducta (castigo positivo). Es decir si no recoge los juguetes no podemos salir al parque, pero en cuanto los recoja esta consecuencia negativa finaliza y salimos todos al parque. Los refuerzos también son fundamentales, elogiar al niño cuando cumple con lo que esperamos y animarle en sus acercamientos a la acción deseada.

FUENTE:
https://www.educapeques.com/escuela-de-padres/pautas-castigo-educativo.html

sábado, 11 de noviembre de 2017

EL TDAH EN ADULTOS


https://unsplash.com/photos/zdSoe8za6Hs

TDAH son las siglas de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Se trata de un trastorno de carácter neurobiológico originado en la infancia que implica un patrón de déficit de atención, hiperactividad e impulsividad.

Durante mucho tiempo, el TDAH ha sido considerado un trastorno propio de la infancia y de la adolescencia, pero sus síntomas y su impacto funcional no siempre desaparecen al pasar a la edad adulta y el trastorno puede persistir en más del 50% de los casos. Se asocia con un impacto importante a nivel clínico, funcional y de calidad de vida.
12 Señales de TDAH en adultos que deberías tener en cuenta:
  • No gestionan bien el tiempo. Los adultos que sufren TDAH tienden a distraerse con facilidad, por lo que es algo corriente que mientras van de camino a un evento se acuerden de que tenían que recoger algo o de que tienen que echarle gasolina al coche.
  • Tienen problemas para organizarse. Para las personas con TDAH, las responsabilidades “adultas”, como el trabajo o los niños, pueden hacer que los problemas con la organización sean aún más obvios y problemáticos.
  • Sufren falta de concentración. Posiblemente el síntoma más revelador del TDAH sea la falta de concentración, que es algo que va más allá de los problemas para prestar atención. Significa distraerse fácilmente, tener dificultades para escuchar a los demás, pasar por alto detalles y tener problemas para completar tareas o proyectos.
  • No logran relajarse. Cuando tienen un descanso y no están llevando a cabo una tarea activa, en lugar de relajarse, las personas que sufren TDAH a menudo sienten inquietud o ansiedad. Los niños con TDAH lo muestran como una hiperactividad externa, pero los adultos aprenden a interiorizar ese sentimiento. Lo demuestran con cosas como no poder estar sentados durante una película, prefiriendo pasar tiempo solo con actividades activas, o aburriéndose con juegos rápidamente.
  • Pueden conducir de forma imprudente. El TDAH hace difícil mantener la atención en una tarea, por lo que pasar tiempo al volante de un coche puede ser difícil. Los síntomas del TDAH pueden hacer que algunas personas tengan más probabilidades de conducir a mayor velocidad y tener accidentes de tráfico.
  • Se les olvidan las cosas constantemente. Todos nos olvidamos de las cosas de vez en cuando, pero en las personas con TDAH, los olvidos son una parte de la vida cotidiana. Olvidan dónde han puesto las cosas o las fechas importantes. A veces estos olvidos pueden ser molestos, pero poco importantes. Sin embargo, en otros casos pueden ser graves.
  • Les cuesta controlar los cambios. Muchas personas tienen dificultades para manejar los cambios importantes, como mudarse o cambiar de trabajo. Pero las personas con TDAH sufren grandes dificultades cuando las cosas cambian de repente, incluso cuando se trata de cambios a mejor, como un ascenso en el trabajo.
  • Se aburren pronto de las conversaciones. Se sienten incómodos en todas las conversaciones y no paran de interrumpir al otro constantemente para que converse de forma más fluida. Debido a que los cerebros de los adultos con TDAH van siempre dos pasos por delante, pueden tener dificultades para escuchar a los demás y darles tiempo para formular sus pensamientos
  • Son muy impulsivos. La impulsividad puede manifestarse de muchas formas en un adulto con TDAH. Interrumpen a otros durante las conversaciones, son socialmente inapropiados, hacen las tareas a toda prisa y actúan sin pensar en las consecuencias.
  • Cambian el canal de la tele o la cadena de radio continuamente. Las personas con TDAH necesitan altos niveles de estimulación lo que podría traducirse en cambiar constantemente de canal, revisar el móvil, silbar, tararear o inquietarse.
  • Sufren falta de motivación. Aunque estén abiertos a cualquier cosa, las personas con TDAH a menudo se sienten desmotivados. Junto con la dificultad para organizarse, este problema puede hacer que les sea difícil terminar un proyecto o una tarea.
  • Les cuesta controlar las emociones. El TDAH a menudo conduce a problemas con el manejo de las emociones, sienten como si no tuvieran ningún control sobre ellas. Pero en muchas ocasiones, su ira se desvanece tan rápido como llega.

Si piensas que realmente podrías parecer TDAH, visita a un profesional de la salud médica. Este trastorno puede ser difícil de diagnosticar, pero en cuanto tengas ayuda empezarás a sentirte mejor.

FUENTE:

miércoles, 25 de octubre de 2017

LA NEUROCIENCIA EN EL AULA



¿Cómo podemos aplicar en el aula las conclusiones de la neurociencia?

En los últimos años se ha podido ver de forma emergente la aplicación de recientes hallazgos en neurociencia aplicada a la educación, esto es debido al uso de numerosas herramientas que nos permiten observar al cerebro desde dentro, como por ejemplo la resonancia magnética funcional.

Estas imágenes nos permiten poder ir descubriendo aquellas prácticas educativas que activan las regiones cerebrales que son clave para el aprendizaje y justo de ahí surge la necesidad de promover una reflexión tanto teórica como práctica que nos permita implementar este matrimonio entre la neurociencia y la pedagogía.

Se ha podido observar la importancia de las emociones dentro del aprendizaje, esto nos lleva a la necesidad de activar las regiones del cerebro emocional, los conocidos dispositivos básicos para el aprendizaje: motivación, atención y memoria.

Motivar al alumno es una tarea fundamental de los maestros, los alumnos no sólo deben poder, sino que también tienen que querer. Pongamos en juegos herramientas para conocer las motivaciones intrínsecas de nuestros alumnos, para tener las capacidades de dar respuestas a los para qué que tantas y tantas veces están presentes en nuestras aulas.

El cerebro es actividad química y como tal debemos de saber jugar con esas combinaciones, en fases iniciales del aprendizajes generar que los alumnos quieran, dopamina, durante el desarrollo del aprendizaje, implicar al alumno como parte activa de su proceso de construcción del conocimiento, adrenalina, y la clave de la generación del éxito constante en nuestro alumnado, serotonina, de esta forma estaremos nutriendo el D.A.S (Sistema neurobiológico de la motivación) y permitirnos trabajar sobre las variables contextuales de la motivación que tanto afectan a nuestros alumnos.

Sabemos que la atención de nuestros alumnos es ilimitada, ¡debemos de captarla!, conocemos multitud de estrategias que al cerebro le encantan y hacen que este “enganchado” a la tarea y eso le permite trabajar consumiendo menos recursos. Algunas de las estrategias son: la contextualización de los contenidos, las disonancias cognitivas, el juego, el humor, la cooperación, las narrativas, el reconocimiento… Esta es una de las grandes claves captar la atención de nuestro alumnado.

Sin memoria, no hay aprendizaje. Algunas de las conclusiones que se han observado es la importancia de realizar durante los procesos de aprendizaje, evaluaciones sistemáticas de lo aprendido y además que sean de carácter formativo y sumativas. En las fases iniciales del aprendizaje, activar los conocimientos previos de nuestros alumnos, no son tabulas rasas que llenar de contenidos.

En períodos del aprendizaje más avanzados, evaluar la comprensión de los contenidos, hacer visible en nuestros alumnos lo que no saben para que con toda esta información proceder a migrar a las memorias a largo plazo y por último evaluar los procesos por encima de los resultados, una evaluación como un diagnóstico de lo aprendido, potenciar el uso de la metacognición de nuestros alumnos, qué han aprendido, cómo lo han aprendido, para qué me ha servido y cómo lo puedo aplicar en otros contextos, en fin, potenciar la competencia de aprender a aprender de nuestros alumnos. Contextualizar, reflexionar, recodificar, retroalimentar… son algunas estrategias para trabajar sobre las memorias significativas.

La neurociencia también nos ha hecho ver que aprendemos mejor con otros que solos, el ser humanos es un ser social que ha basado su supervivencia como especie en la cooperación. A día de hoy sabemos que cuando trabajamos en el aula de forma cooperativa se activan regiones emocionales de nuestro cerebro determinantes para el aprendizaje.

Como seres sociales, mamíferos, desarrollamos muchas de nuestras estrategias a través del juego: nos permite realizar las cosas por el hecho de hacerlas, motivación intrínseca, vivimos experiencias placenteras, potenciamos el uso de las narrativas (atención), potencia la toma de decisiones, la imaginación y permite a nuestros alumnos ser más competentes en el momento de resolver retos propios de la tarea.

También conocemos la importancia de las artes para el desarrollo cerebral del niño, tanto en el ámbito sensorial como en el motor, emocional y cognitivo. Así, por ejemplo, en sus primero años y de forma natural, el niño baila, canta o dibuja. Pero por encima de la incidencia particular que pueda tener sobre el aprendizaje cualquiera de las diferentes variedades artísticas (música, dibujo, teatro, etc.), la educación artística resulta necesaria porque nos permite adquirir toda una serie de hábitos mentales y competencias básicas en los tiempos actuales -como la creatividad, cooperación, pensamiento crítico, resolución de problemas o iniciativa- que están en consonancia con la naturaleza social del ser humano y que son imprescindibles para el aprendizaje de cualquier contenido curricular.

La actividad física no solo es buena para preservar una gran variedad de funciones corporales o para combatir el tan temido estrés que perjudica el aprendizaje sino que tiene una incidencia positiva sobre el cerebro. Al realizar ejercicio físico, especialmente aeróbico, se segrega la molécula BDNF que está asociada a los procesos de plasticidad sináptica, neurogénesis o vascularidad cerebral.

Las investigaciones en neurociencia están suministrando información relevante sobre cómo surge el llamado insight (¡eureka!), esa aparición repentina e inconsciente que nos permite encontrar la solución de un problema o tarea que no sabíamos resolver y que nos provocaba el tan temido bloqueo mental. En el momento inicial, es conveniente tener muchas ideas (lluvia de ideas en el aula), ir asociándose y poco antes de que aparezca la idea feliz se da un estado de relajación cerebral.

Esto sugiere que cuando no seamos capaces de resolver un problema, al que hemos dedicado mucho tiempo, la mejor estrategia puede ser no perseverar más, sino aparcarlo temporalmente y dedicarnos a otras tareas, o mejor realizar ejercicio físico o simplemente dormir porque existen unos mecanismos cerebrales inconscientes que seguirán trabajando en el problema en cuestión y que facilitarán su resolución.

Hay muchos mitos asociados a la creatividad y lo cierto es que, con el entrenamiento adecuado, tal como sugieren las investigaciones modernas, también podemos aprender a ser más creativos, una auténtica necesidad en los tiempos actuales de predominio tecnológico.

Afortunadamente, nuestro cerebro plástico nos permite seguir descubriendo y enriqueciendo el aprendizaje, lo cual constituye una necesidad urgente para mejorar la educación y transformar la sociedad haciéndola más justa y compasiva.

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lunes, 2 de octubre de 2017

DIEZ RECOMENDACIONES PRÁCTICAS PARA PADRES DE NIÑOS CON TDAH



En la actualidad, alrededor de un 5% de los niños presentan Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Esto lo convierte en uno de los trastornos de mayor prevalencia en la infancia.

Las características propias del cuadro, que incluyen alteraciones en las funciones atencionales, hiperactividad e impulsividad, provocan una desorganización general a nivel cognitivo y comportamental que se extienden a todas las áreas de la vida.

A su vez, diversos estudios muestran que estos niños son más propensos a desarrollar trastornos comórbidos como ansiedad y depresión. Suelen presentar diversos problemas de aprendizaje, mayores probabilidades de accidentarse y mayor consumo de sustancias en la adolescencia (Ives, 2006). Es decir, el impacto del trastorno afecta en mayor o menor medida a todos los ámbitos en los cuales los sujetos se desempeñan.

De manera inversa, las intervenciones que como adultos realizamos en los contextos donde los pequeños habitan, podrán ayudarlos (o no) en su organización y en limitar los efectos que el TDAH presentan en su cotidianidad. 

Teniendo en cuenta estas características, hace algún tiempo publicamos recomendaciones para maestros de niños con TDAH, cuya finalidad fue favorecer el proceso de aprendizaje de los niños por medio de algunas adaptaciones de acceso y contenido al material educativo.

En este caso, el objetivo es proponer una serie de recomendaciones para los padres, los que impactarán de manera beneficiosa en la vida de sus hijos a la vez que en la de ellos mismos; ya que aplicados de manera consistente disminuyen conductas desorganizadas e impulsivas en los niños, incidiendo de forma directa en el equilibrio familiar.

Recomendaciones

Recomendación N° 1: Darle estructura al día a día
El que un niño con TDAH viva en un ambiente relativamente estructurado contribuirá a su organización para las actividades que deba realizar. Por el contrario, un contexto desestructurado, donde las mismas actividades pueden cambiar el momento del día en que se realizan, se superponen o alternan en el orden previsto; es más probable que generen confusión y fallos en su realización.
Por ejemplo, será preferible que siempre cuando llega del colegio se cambie, lave las manos, se siente a almorzar, cepille los dientes y duerma una siesta para realizar las tareas escolares posteriormente; a que todos estos mismos pasos los vaya realizando cada día en un orden distinto. En este último caso, es muy posible que algunos elementos se omitan o no se realicen satisfactoriamente.

Recomendación N° 2: Cómo dar órdenes
Un comentario habitual de los padres de niños con TDAH es la poca obediencia de estos hacia las normas e instrucciones proporcionadas. Una manera de aumentar las probabilidades de éxito cuando se desea que el niño realice algo, consiste en seguir estas sencillas reglas:
  • No dar más de una orden a la vez. Es preferible esperar a la finalización de una tarea, antes de presentar una nueva actividad.
  • Segmentar demandas generales. La indicación <<Ordena tu habitación>> puede ser separada en <<Guarda tus juguetes/ Haz la cama/ Tira los papeles al cesto de basura>>.
  • No dar indicaciones que puedan ser ambiguas. Comunicar <<Pórtate bien en lo de la abuela>> puede significar cosas muy distintas para un niño y un adulto (incluso para distintos adultos). En cambio, <<No toques las cosas de la mesa / No corras por adentro de la casa/ No te metas en la habitación de la abuela>> son instrucciones más concretas y fáciles de cumplir.
  • Pedirle al niño que repita la indicación dada. Esta es una forma de corroborar que haya entendido lo que se espera de él.
  • Hay que evitar abusar del <<No>> como recurso. Siempre se es preferible formular enunciados en forma positiva que negativa. Frases como <<No toques el televisor>> <<No apagues la luz>> <<No hables ahora>> pueden, aunque sean concretas, formuladas de manera segmentada y repetidas por el niño, sonar muy restrictivas, en especial cuando se van repitiendo a lo largo del día muchas veces. En su lugar, se puede solicitar lo mismo pero en forma positiva, diciendo por ejemplo <<Me gustaría que te quedes unos minutos sentado aquí>> <<Es preferible dejar la luz prendida>> <<Permanece en silencio algunos minutos>>.

Recomendación N° 3: Descubra que habilidades posee su hijo y foméntelas
El estimular aquellas habilidades naturales que pueda tener incrementará su autoestima y sentimientos de eficacia, y ayudará a los padres a centrarse en aspectos positivos de su hijo. En caso de no conocer el pequeño que actividades le agradan y en las cuales puede tener buenos rendimientos, se los puede acompañar en el descubrimiento de las mismas.

Dado que las personas con TDAH suelen presentar malos comportamientos, es muy fácil que se pierdan de vista los aspectos positivos de los niños y en cambio nos centremos en sus puntos débiles. Tener presentes las fortalezas cambia sustancialmente la mirada que se tiene sobre los pequeños, y evita tener pensamientos del tipo <<le gusta desobedecer y hacerme enojar>>.

Recomendación N° 4: Cuando se apliquen premios y castigos, que sean inmediatos a los comportamientos elegidos
Es muy frecuente que los padres intenten modificar la forma en que sus hijos se comportan aplicando consecuencias temporalmente muy distantes de aquellos comportamientos apropiados e inapropiados. El niño por un lado, puede olvidar o perder de vista cuál era esa consecuencia (buena o mala) que le esperaba.

A su vez, puede frustrarse por el tiempo que debe esperar para acceder a la misma, incluso aunque sea algo muy deseado.
En lugar de proposiciones del tipo <<si este año apruebas todas las materias vamos de vacaciones a Disney>>, puede resultar más gratificante para el niño aplicar un sistema de recompensas por cada exámen aprobado, por cada materia aprobada, y por último sí puede utilizarse el premio mayor (Disney) en caso de cumplir todos los objetivos propuestos. El pequeño de esta forma tendrá acceso más inmediato y constante a reforzadores, lo que mantendrá su motivación alta por períodos mayores de tiempo. Y en caso de fallar en la consecución de la meta final, no tendrá el sentimiento de que nada ha valido la pena, ya que a lo largo del año obtuvo numerosos beneficios por sus esfuerzos.

Una pequeña aclaración, al hablar de cumplir los objetivos propuestos me estoy refiriendo a aquellos objetivos que sean alcanzables por el estudiante, no a los que aspiren los padres de manera ideal. La constante y excesiva presión por rendir más de lo que se puede termina habitualmente produciendo los resultados opuestos a los esperados. Como consecuencia adicional, produce estrés y frustración no solo en los padres, sino también en sus hijos. Esto se relaciona directamente con el siguiente punto.

Recomendación N° 5: Concéntrense en los aprendizajes, no en las calificaciones
Muchos adultos han crecido con la convicción de que la nota escolar refleja lo aprendido, y que si no es así al menos es lo más importante del paso por la escuela, ya que queda de forma objetiva plasmada en documentos y certificados. Para un niño con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, la presión impuesta para la obtención de buenas calificaciones puede ser excesiva, logrando que se frustre y no solo que no obtenga los resultados esperados, sino que tampoco aprenda.

Un ligero ajuste en las expectativas de los padres sobre el recorrido académico, de seguro provocará una disminución en la frustración que sienten tanto los niños como sus progenitores, y potenciará el aprendizaje escolar.

Recomendación N° 6: Nunca criticar a la persona
Este punto es de vital importancia para todos los actores. Por un lado, el niño que es calificado como vago, caprichoso, malo, etc, está de forma permanente registrando que los adultos significativos observan eso en él, afectará a su autoestima y a su comportamiento posterior. 
Por el lado de los adultos, etiquetar al niño de esta forma en general los dejará predispuestos a prestar atención a aquellas conductas que estén de acuerdo con dicha percepción, lo que influye en la buena relación a mediano y largo plazo.

En lugar de afirmar que es un vago porque no levantó sus juguetes del piso por ejemplo, es mejor remarcarle la solicitud nuevamente, omitiendo todo tipo de apreciaciones personales. Si es necesario realizar observaciones, siempre hacerlas sobre las conductas en lugar de sobre el sujeto.

Recomendación N° 7: Planificar potenciales situaciones conflictivas
Si ciertos momentos suelen producir de manera repetida malos comportamientos por parte del pequeño, la anticipación de las situaciones, así como de lo que se espera por parte suya, incrementa las posibilidades de evitar estos malos momentos.

Ante la repetida situación del correteo por medio de las góndolas del supermercado tocando los productos que están exhibidos, los padres antes incluso de salir de su casa pueden comentar de manera bien concreta y clara (tal como sugiere el Recomendación 2), que conductas puntuales esperan de su hijo.

Recomendación N° 8: No intentar abordar todos los problemas al mismo tiempo
Esto mantiene relación con varios de los puntos ya abordados. Si partimos de la base que es preferible que haya pautas claras, solicitadas secuencialmente y no al mismo tiempo, y de la preferencia de la estructura frente al caos; solicitar a un niño que se quede quieto, callado, que si habla no diga malas palabras, que preste atención a lo que dice el resto permanentemente y que mantenga por ejemplo determinada postura corporal, será imposible de sostener.

La frase “Hay que elegir qué batallas pelear” es perfectamente aplicable a estos casos. Siempre habrá que estar atento a todos los problemas que presente una persona en cada situación determinada, y frente a los mismos establecer cuales son prioritarios para atender y cuales no. 
Es necesario tener en cuenta una serie de elementos al tomar estas decisiones, como por ejemplo la gravedad (para sí o terceros) que presente, la imposibilidad que le traiga de adquirir nuevas habilidades, etc; pero siempre sin perder de vista que no es posible enfrentar todas las situaciones problemáticas al mismo tiempo.

Recomendación N° 9: No confíen en un profesional que no les ofrece un diagnóstico claro
De la misma forma, no confíen en profesionales que utilicen diagnósticos poco específicos o que no sigan las convenciones actuales, y usen términos como por ejemplo <<bloqueo emocional, falta de madurez o problemas de lateralidad>>.

Un profesional que lleve adelante un buen tratamiento debe proveer a su vez el asesoramiento y psicoeducación necesaria para un tratamiento eficaz. Como se desprende de todos los recomendaciones hasta ahora vistos, el funcionamiento de los sujetos se ve sensiblemente afectado por el contexto, ya sea en forma material (ambiente ordenado por ejemplo), como interaccional. 
Un terapeuta que sólo trabaja con el niño y no sugiere a padres y docentes intervenciones puntuales para los lugares y situaciones en las que se desenvuelve, disminuye se eficacia terapéutica y pone sobre éste un peso que probablemente no pueda soportar; al dejarle la labor de ser el único responsable de que su comportamiento cambie.

Recomendación N° 10: No se olviden de ustedes como personas
Por lo complejo de todos los factores a tener en cuenta, un hijo con TDAH genera estrés e impacta sobre uno mismo y diversos tipos de relaciones, como pareja, otros hijos, amistades, etc.

Tomarse el tiempo para realizar actividades placenteras, permite recuperar fuerzas para continuar con sus labores como madres o padres posteriormente. Lo mismo sucede con relaciones que suelen quedar en segundo plano. Será necesario buscar momentos en los cuales puedan cultivarse las mismas, sin que el foco de atención permanente sea su hijo.
Recuerden que además de padres, son sujetos que seguramente necesitan de otro tipo de actividades para su bienestar.

Para concluir, estos recomendaciones no deben entenderse en forma absoluta, sino que son adaptables a los contextos en los cuales se aplican. Tampoco son los únicos puntos a tener en cuenta a la hora de educar a un niño con TDAH. Sin embargo, constituyen pautas generales de crianza que son de gran utilidad en estos casos.

Referencias
Artigas Pallarés, J. (2006). El Trastorno de Déficit de Atención/Hiperactividad en la consulta del pediatra. Algunas sugerencias. Revista Pediatría de Atención Primaria. Vol VIII (4) 115- 133.
Ives, E. (2006). Intervenciones no farmacológicas en el entorno familiar de niños con Trastorno por Déficit de Atención con/sin Hiperactividad. Revista Pediatría de Atención Primaria. Vol VIII (4) 57- 67.
Ochoa, J., Vintimilla, M. (2015). Estrategias Terapéuticas para padres de niños de 6 a 10 años con Diagnóstico de TDAH. Facultad de Filosofía Letras y Ciencias de la Educación. Escuela de Psicología.

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